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MALINCHE BAJO LA LLUVIA

Por
Andrea Castillo Meneses
8 Jun, 2002
 

El sábado a eso de las 12:00 del día me llamó un amigo para ver si me animaba a ir a la Malinche... como no había planes pues me apunté.

Iniciamos el ascenso a eso de las 4:00 p.m. solo con la ropa que llevábamos puesta y un poco de agua para el camino... el día estaba bastante nublado pero muy agradable.

El paso constante y menos lento que de costumbre, una agradable brisa nos iba refrescando en diferentes puntos del camino. Casi no hubo descansos, a mí me dolía subir sin descansar, pero seguía impulsada por un sentimiento que en ese momento no reconocí. Iba disfrutando del bosque y del clima súper agradable, yo me pregunté por que cuando regreso de una salida a la montaña olvido todo el dolor que siento al ascenderla; por que otra vez regreso a la montaña; sin recordar lo que sufro para alcanzar una cumbre (aunque esta no sea la cima)...

Terminamos el bosque y frente a nosotros la cima de la Malinche, nos detuvimos para ponernos los impermeables por que la brisa se convirtió en una llovizna muy cerrada. Continuamos sintiendo la lluvia en nuestras caras, al llegar a la arista dejó de llover y el sol dejó asomar un rayo por unos minutos. Atrás de nosotros se veían las nubes negras, pero no importaba nosotros estábamos sobre ellas. La cumbre alumbrada por los rayos del atardecer, Puebla oculta por las nubes y Tlaxcala casi desaparecía de nuestra vista. Continuamos el ascenso exactamente 3 horas después estábamos tocando la cima, nuestra cumbre. Disfruté la sensación de lograr llegar, en menos tiempo, y con menos agotamiento... En ese momento olvidé por completo el sufrimiento de cuando inicias la ascensión, y me "calló el veinte" de por que cuando regreso a casa solo recuerdo la sensación de haber dado todo mi esfuerzo para lograr el objetivo planeado. Por eso, cada vez regreso a la montaña no pienso en el sufrimiento, siempre recuerdo la sensación de llegar y eso es suficiente para querer estar nuevamente intentándolo...

Descansamos unos minutos hasta que las nubes nos alcanzaron, estábamos rodeados por la neblina, bajamos con cuidado, las lloviznas aparecían y desaparecían durante el descenso.... Al llegar a la mitad del descenso, la noche nos sorprendió, yo olvidé cargar mi lámpara, así que baje a oscuras completamente, esta vez no hubo estrellas que iluminaran un poquito el camino. Yo no lograba ver ni la mano frente a mi cara, esto también fue una sensación extraordinaria, solo escuchaba el ruido del bosque, nuestros pasos y los aullidos de (creo) coyotes o perros.

Después de caminar y caminar y caminar por fin llegamos al coche, un alivio por que la verdad tanta oscuridad ya me había desesperado un poco jijjiji. Nos pusimos ropa seca y algo que me gustó fue que llegaron unos guardias y nos preguntaron si todo estaba bien, ellos estuvieron pendientes de nuestro regreso y tenían su plan de contingencia en caso de que no llegáramos. Eso me gustó mucho por que supe que alguien estaba pendiente de las personas que subimos a la Malinche. Después de platicar un rato, nos despedimos y emprendimos el regreso a casa. Adolorida, cansada, con sueño, pero completamente satisfecha y lista para la siguiente.

En esta ocasión la moraleja es:
Nunca nunca nunca olvides tu lámpara, por mas ligera que vaya a ser la salida...


 
 
Andrea Castillo Meneses

Andrea vive en Puebla y le encantan las actividades al aire libre. Practica escalad