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LA MANZANA ENCANTADA

Por
Claudia Valdés Gálvez
6 Apr, 2008
 
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Una vez más los planes que habíamos anticipado para el fin de semana de escalada tuvieron que ser cambiados. Ya tiene tiempo que queremos ir a los boulders de Aculco, pero no sabemos como llegar, finalmente habíamos encontrado a la persona que nos guiara, sin embargo el viernes me avisó que no podría ir. Solamente nos quedaba acomodarnos al cambio, esta vida siempre es tan dinámica que hay que estar preparado para los imprevistos. Después de dos o tres llamadas convenimos que lo mejor era ir a Las Manzanas. Ese lugar tiene magia, nos ha encantado.

Todo estaba listo, pero una vez más otro cambio de última hora, ya que mi auto se descompuso, entonces Edith llevó su camioneta, Juan y Mario pasaron por nosotros y de allí nos fuimos al punto de reunión, donde ya nos esperaban Jorge y Edith. Nos repartimos en los autos y a darle.

Claro que antes hicimos la parada obligada en la barbacoa, una vez más, confirmé que no he probado barbacoa más rica que la de ese lugar. En esta salida Polo se dio un tiempo para ir con nosotros, acompañado de su novia, en ese momento nos dimos a la tarea de poner al tanto a Gloria como es un día de escalada en roca, donde no hay baño, ni donde lavarse las manos, la tierra es la eterna acompañante, pero la vista, el contacto con lo natural, el silencio, la compañía y el darle rienda suelta a nuestro gusto hacen que lo anterior ni se note. Solamente esperábamos que le gustara lo suficiente para que ella también así lo sintiera.

Donde estacionamos los autos nos encontramos con Carmen (mamá de Milton) y Fernando. Carmen ya conoce el lugar, así que no tuvo ningún problema para llegar, pero se preguntaba y me lo decía, ¿por qué dejábamos tan lejos los autos? Yo solamente le decía que donde íbamos no había lugar donde estacionarlos a salvo, pero ella insistía en que sí. Finalmente comenzamos a caminar.

Cuando nos metimos por la primera vereda Carmen nos dijo que por ahí no era por donde ellos se metían y comprendió lo que le decía, que no había lugar para estacionar los autos. Yo también comprendí que estábamos hablando de dos caminos diferentes. Pero bueno, en muchas zonas sucede eso, que hay más de un camino para llegar. Edith también ya había ido y tampoco reconoció ese camino, por un momento hasta dudé, pero por la seguridad de Federico, quien ya ha ido muchas más veces, me di ánimos para ni preguntar.

Iba tan metida en la plática con Fernando que ni me di cuenta de la caminata, de pronto me encontré con que ya teníamos que empezar con la gran subida. Cuando llegamos aquí Carmen supo que definitivamente no tomábamos en ningún momento el mismo camino, Edith estaba esperando este momento que ya lo habíamos comentado en algún momento, Gloria supo que su pantalón blanco iba a regresar negro y los demás nos intercalamos de tal manera que el de enfrente pudiera ayudar al de atrás o el de atrás empujar al de adelante. Todo un trabajo de equipo. Je. ¡Finalmente las rocas! Ufff, llegamos, ¡que bien!

Pero Carmen nos dijo que ese no era el sector donde ella había ido... entonces supimos que había la manzana Golden y la Washington. Más adelante Mario nos anunció que había ido a explorar y encontró más rutas, entonces también teníamos la Starling, solamente faltaba la manzana encantada. Nos quedamos justo donde la vez anterior, acomodamos las mochilas y sin decir palabra nos separamos en las rutas.

En la Mayra, que es la más fácil Federico les pondría un yo – yo para que Jorge y Gloria empezaran con sus primeros movimientos, pero ¡ah! Jorge ya traía gatas, recién compradas, preciosas. Pues a estrenarlas. Carmen se fue con ellos y al verla tan fácil la punteó, ¡bien Carmen!

En los Mosaicos Polo de inmediato se apuntó a puntearla, después de dos años de no hacer nada a ver como le iba a ir. Edith también quería darle ahí. Claudita quería calentar en esa ruta, yo también quería darle un pegue. Federico quería darle al 10 que está al principio. Mario y Juan se fueron al 10 de en medio. Fernando, primero estuvo viendo La Mayra y decidió que quería darle a Los Mosaicos.



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Claudia Valdés Gálvez

El fuerte de Claudia es la montaña y escala roca, principalmente por acompañar a sus hijos. Ciclomontañista principiante y amante de todas estas actividades. Es originaria del