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T-REX

Por
Jaime Valencia Vargas
29 Mar, 2008
 

Este sábado hicimos la versión tempranera de este gran descenso con la prioridad de terminar de día y poder regresar sin mayor contratiempo haciendo una rodada bastante rápida, aunque estuvo plagada de ponchaduras y caídas sin daños mayores. Toda clase de historias de desmañanados y desvelados se oían a las 7:10 a.m. cuando salimos rodando por las suaves colinas de pasto de piedras encimadas. Fuimos 5 los que iniciamos esta rodada: Edwin Orduña, Eric Molina, Eyder Pérez, Víctor Pérez "tepe" y su servidor, en una mañana muy fría, con el campo cubierto de rocío. Nos dirigimos a la parte menos visitada del parque para hacer la foto de inicio con tan buena suerte que encontramos una piedra que tenía una silueta cómo de dinosaurio a contraluz, unas fotos y tomamos el camino directo a la sierra, ante la desesperación de algunos que ya querían llegar al descenso lo más pronto posible.

El acercamiento es por terreno muy tranquilo: largos valles tapizados de pasto con bosques de pino a los lados, algunas formaciones de piedra y poco a poco el terreno se ondula por bosques y cerca de casas típicas de tejado hasta llegar a un balcón donde tenemos contacto visual con la sierra por primera vez. Las vistas quitan el aliento, la sierra tenía "la vaca echada " -término que algunas personas usan para definir el mar de nubes abajo en la sierra- y sobresalían sólo los picos que se sucedían hasta el horizonte. Unas curvas más entre bosque y llegamos a la cruz que marca el inicio del descenso donde tomamos fotos de algunos pueblos y montañas ,ahora que la niebla se había disipado y teníamos una vista poco brumosa de los alrededores.

En alguna ocasión rodamos por este lugar con una densa niebla y tuve que platicar lo que verían en caso de que estuviera despejado... pues bien, ahora no hacían falta palabras, teníamos una visión de ambos lados de la arista con la gran pared sur de los cerros de Zempoala con sus 900 metros de altura al norte, y el pueblo de Tlaxco Puebla a casi mil metros más abajo de nuestros pies al oriente. Aquí en la cruz es el ritual de colocarse las rodilleras y desearse buena suerte , también de bajar el asiento (los que pueden je je) para empezar las secciones de tepetate muy descompuesto y eso para calentar porque sigue inmediatamente una sección de grandes piedras redondas que da paso a una sección suave pero muy cerca del precipicio para llegar a otra sección pedregosa, unas zetas muy cerradas y así sucesivamente: secciones de piedra, zetas de todo tipo, hasta tener los brazos tiesos de tanta presión, sólo para darnos cuenta que apenas íbamos a un cuarto de la bajada.

Los tramos más difíciles fueron intentados en más de una ocasión, siendo superados casi en su totalidad, es de subrayarse que el nivel era muy parejo y que en algún momento alguien superaba un paso difícil para caer después en el siguiente paso de dificultad, esto le añadió mucha diversión pues ahora se trataba de rodar todo aunque hubiera alguna caída y ¡vaya que algunas fueron espectaculares!

Tomamos un receso en el remanso que está en el caserío, unas fotos de su mini iglesia y seguimos hasta la siguiente puerta entre las montañas que nos brinda de golpe una vista de la sierra que nos espera.

Ahora el paisaje está desprovisto de vegetación a causa de las labores agrícolas, grupos de mujeres trabajan en la tierra preparando el terreno y otros grupos de hombres siembran en alguna parcela... me pregunto porque esa división. Pastores suben desde Tlaxco con provisiones y ganado; una pequeña pastora lleva a sus borregos cuesta arriba y despertamos curiosidad entre la gente, después de todo no es frecuente que ciclistas se atrevan a rodar por estos pedregueros por los que nos han advertido que es imposible pasar.

Después de muchas caídas e intentos más o menos fructíferos llegamos a Tlaxco Puebla, felicitándonos mutuamente por el éxito de la rodada.

Este pequeño pueblo, que en algún lugar de la bajada se ve como una maqueta, con unas pocas casas pero con calles adoquinadas tiene una historia importante, hay algunas pirámides sin escombrar y en alguna de las casas actuales hay enormes piedras con petroglifos, tomadas de esas pirámides, además de las impresionantes cascadas al fondo de la cañada.


 
 
Jaime Valencia Vargas

Excursionista de las montañas de Hidalgo desde los 10 años, ciclista de montaña en Tulancingo, campeón estatal de Hidalgo, CIMA y Puebla en 1998, es fundador del grupo tigrillos.