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UNA VUELTA A LA MANZANA

Por
Claudia Valdés Gálvez
2 Mar, 2008
 
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El día anterior Claus y yo fuimos a ver una obra de teatro, enviada por la escuela no tuvimos otra opción más que asistir, que bueno que fue así, es una obra muy buena, pero que deja el alma enredada en una lágrima que nunca se atreve a salir.

Con ese ánimo tan triste llegamos al primer punto de reunión con Federico, quien después de algunas pesquisas averiguó como llegar a las Manzanas, un lugar que no conocíamos, ni siquiera él mismo. Así que las Mesas quedarían pendientes. Llegamos por Juan exactamente a la hora citada y partimos al lugar. Como nadie conocía la zona, paramos en un lugar que se veía bien para desayunar. Nos llevamos una gratísima sorpresa al paladear tan sabroso manjar, ni uno de todos los lugares en que habíamos comido barbacoa a últimas fechas se podía comparar el sabor de ésta. Una delicia.

El camino es largo, con multitud de topes y en subida. Hasta que llegamos al municipio de Santa Ana de Jilotzingo, lugar de las mazorcas tiernas. Aparentemente el panorama nunca cambia, hasta que se llega a la desviación a Las Manzanas, donde después de una curva, todo lo gris del asfalto se convierte en verde natural, que vistas tan bonitas. Finalmente llegamos, dejamos los autos y a caminar.

Al principio Claus iba diciendo que hubiera sido mejor llevar los carros más abajo, que si había camino, que si nos regresábamos por el carro, hasta que se dio cuenta que más abajo no había donde estacionarlo, un lugar donde estuviera seguro y sin que estorbara en el camino.

Justo donde el camino de asfalto termina y empieza la vereda de terracería fue cuando dejó de protestar y comenzó a disfrutar la belleza del camino, a llenarse y regocijarse de los olores de la tierra, las hierbas, a escuchar el viento caminar junto a nosotros entre los árboles emitiendo una dulce melodía, una sonata para terminar de despertar los sentidos que por momentos seguían adormilados.

En esas estábamos cuando llegamos a una encrucijada, el camino por el que íbamos se partía en tres. Advertidos por Edith de escoger el camino correcto, porque es muy fácil perderse, Juan fue a inspeccionar un poco sobre el camino izquierdo. De pronto escuchamos una pisadas por el lado derecho, agudizamos la vista y descubrimos un grupo de escaladores, nuestros guías habían sido enviados. Lo único que tuvimos que hacer fue seguirlos.



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Claudia Valdés Gálvez

El fuerte de Claudia es la montaña y escala roca, principalmente por acompañar a sus h