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IZTACCíHUATL. AMECAMECA-TZOTQUINZINGO-ALMOLOYA. ESTADO DE MéXICO.

Por
Jorge Alberto Neyra Jáuregui
1 a 2 Apr, 2004
 
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Participantes: Jaqueline Rivera y Jorge Neyra.

JUEVES 1.


Salida en el autobús de las 12:28 de la línea volcanes de la Ciudad de México, rumbo a Amecameca. Llegamos antes de las 13:00, acudimos a las oficinas del parque nacional Izta-Popo-Zoquiapan, para que nos pongan al tanto de la afluencia de gente y de las condiciones prevalecientes en las montañas. El cielo está nublado, luego de que el lunes y el martes estuvo lloviendo y hubo reporte de nevadas en las montañas. De nueva cuenta y por cuarta vez en lo que va del año, se presenta nieve por arriba de los 3,600 msnm. En el Distrito Federal, volvió a nevar en el Ajusco y también nos dicen que en Paso de Cortés. Fenómeno inusual en esta época del año, en que ya estamos en primavera.

Avisamos que solamente nuestro plan es ir a la zona de El Salto. Nos obsequian un tríptico y ahora nos dirigimos al mercado a comprar algunos víveres como frutas (mangos y manzanas), así como un litro de leche. Sin muchas pretensiones alimenticias, nos limitamos a ir muy austeros y sin planes de utilizar estufa. Iniciamos la caminata alrededor de las 15:00. Hay muchas nubes hacia las montañas, aunque el sol sale por intervalos. El estado del tiempo es agradable. Se alcanza a observar nieve que se mantiene aún en el límite del bosque por debajo de los 4,000 msnm. En el camino se descubre por momentos el Popocatépetl. La parte alta del Iztaccíhuatl permanece invisible por el manto nuboso.

Al llegar a la zona del retiro, ha comenzado a sentirse más fresco el ambiente. Al ser día entre semana, no hay un sólo vehículo. Nos adentramos por la ruta acostumbrada siguiendo la amplia vereda que discurre por los manchones de bosque mesófilo. La humedad ha dejado huella y no se ve tan seco como otros años. Busco ejemplares de la pitaya de roca en floración. Ya estamos prácticamente en la época en que se pueden observar. Sin embargo, no parece así, solamente las lamiáceas del género Salvia y la Satureja macrosperma o tabaquillo. Le explico a mi acompañante algunos detalles relevantes de las plantas. Nos detenemos a intervalos para proporcionarle más información y observar aves como el Chipe rojo (Ergaticus ruber) aunque está ocasión no hemos avistado tantas aves como la última ocasión que venimos por aquí. Cedros, oyameles, encinos, fresnos, etc. son algunos de los árboles que encontramos en esta formación boscosa. Llegamos al río para cruzarlo y enseguida llegar al valle Almoloya-Tzotquinzingo. Decido que vayamos a instalar el campamento en el mismo lugar en que lo pusimos cuando venimos el mes pasado (6 y 7 de marzo). Ya para entonces, el cielo está totalmente nublado y amenaza con llover. Algo me sugiere que lleguemos a ese sitio para guarecernos.

Llegamos y al momento de estar colocando la tienda de campaña, caen algunas gotas. ¡Justo a tiempo! Si hubiéramos continuado, con seguridad nos tocaría mojada en el trayecto, si es que la idea hubiera sido continuar avanzando más. Armamos debidamente la tienda y al término decidimos ir a caminar por el lindero que forman las paredes de roca volcánica de la cañada en dónde estamos. Por un lado, con la intención de ver si encontramos pitayas de roca en floración. A pesar de que llueve ligeramente, el dosel que forman los árboles es lo suficientemente cerrado para impedir que nos mojemos, tan solo algunas pocas gotas se llegan a filtrar y caen al suelo. Sin embargo, no hay plantas rupícolas floreando esto incluye a la especie de cactácea ya mencionada y también a las crasuláceas que allí se encuentran colgando de las paredes. Atardece y se nota que se incrementa el sonido de las aves. Nos detenemos en un lecho de hojarasca para contemplar el entorno y apenas cruzar unas palabras en voz baja.

Jaqueline encuentra un caracol pomáceo en una ramita. Se trata sólo de la concha. En época de lluvias he visto estos caracoles (de un tamaño mucho mayor) ascender por las paredes de otra cañada ubicada en otra zona de la montaña. Se escuchan algunas aves que logro identificar por su voz, como los zorzales (Turdus rufopalliatus, Turdus assimilis y Turdus migratorius), los clarines jilgueros de la especie (Myadestes obscurus), algunos chipes y de la intrigante perdiz de los volcanes (Dendrortyx macroura). Oscurece, y como no traemos lámpara, decidimos regresar al sitio del campamento. Antes visitamos el valle. Se escuchan algunos truenos, bastantes distantes por cierto, lo que habla de condiciones más veraniegas que primaverales. Normalmente en esta época del año estaría despejado, seco y más caluroso, hoy estamos con chamarra y en mi caso con un paraguas a la mano por si lloviera excesivamente.

Regresamos a la tienda. Una vez en ella, seguimos conversando en tanto ha dejado de llover. Anochece y me percato que el nublado a cedido, a fin de dar paso a un cielo que deja ver estrellas en el cielo. Quizá ya no llueva el resto de la noche. Efectivamente, la noche comienza a enfriar más de lo usual para esta temporada. Yo permanezco despierto durante varias ocasiones logrando conciliar el sueño sólo de manera intermitente, rodeado de una lluvia de pensamientos variados.



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Jorge Alberto Neyra Jáuregui

Estudió ing. geofísica y ecología. Es también fotógrafo y montañista desde 1987, y ha creado un banco de información sobre temas ambientales e imágenes de la naturaleza para la conservación de la vida silvestre. Padece el mal de la vulcanofiliosis nívea.